La recuperación económica en América Latina y el Caribe (ALC) está en marcha, pero la pandemia aún presenta nubarrones para la región. La recuperación fue sólida en el primer trimestre de 2021, pero perdió ímpetu en algunos países en el segundo trimestre debido al repunte de casos de COVID-19. Se proyecta que el PIB real crezca 6,3% en 2021, y que luego se modere a 3% en 2022, pero a mediano plazo no retornará a las tendencias previas a la pandemia, ya que las persistentes debilidades en los mercados de trabajo crean riesgos de secuelas, o histéresis, a más largo plazo. Las condiciones externas en general favorables, el nivel alto de los precios de las materias primas y la demanda reprimida apuntalan el crecimiento a corto plazo, en tanto que el cambio de orientación de la política monetaria y fiscal opera en el sentido contrario. Los riesgos para las perspectivas se inclinan a la baja, y los principales son el surgimiento de variantes más contagiosas y letales de COVID-19, el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales y riesgos de refinanciamiento de deuda soberana y de tensiones sociales, al tiempo que se avecina un año con un apretado calendario electoral. La política fiscal debe asignar suficientes recursos al gasto en salud, incluida la vacunación, y debe seguir apoyando a hogares y empresas de una manera más focalizada mientras persista la pandemia, con garantías creíbles de sostenibilidad de la deuda a mediano plazo a fin de preservar el acceso al financiamiento. La política monetaria ha empezado a abordar las presiones inflacionarias, pero debería seguir apoyando la actividad económica en la medida en que la dinámica de las expectativas inflacionarias lo permita. Si la creciente inflación amenaza con desanclar las expectativas inflacionarias, los bancos centrales deberán endurecer la política monetaria para demostrar que están comprometidos a respetar las metas de inflación y evitar alzas persistentes de la inflación.
Las medidas preventivas y decisivas se deben comunicar con claridad y transparencia. La política financiera debe retirar progresivamente el apoyo generalizado y focalizarlo en empresas viables, para garantizar que no se traben las necesarias reasignaciones de mano de obra y capital. Las políticas por el lado de la oferta deben promover el crecimiento inclusivo, por ejemplo mediante reformas tributarias progresivas y favorables al crecimiento y con medidas para reforzar la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos.