La misión salesiana, expresada en el lema "Da mihi animas, coetera tolle", nació en los campos de I Becchi y encontró su expresión carismática madura en el Oratorio de Valdocco. Sostenida por Dios desde la infancia de Juan Bosco, esta misión sigue siendo hoy el paradigma de toda presencia salesiana en el mundo. La armonía de los cuatro elementos que conforman el oratorio salesiano -casa que acoge, patio que favorece la alegría, escuela que prepara para la vida y parroquia que garantiza el encuentro con Dios- es el criterio fundamental para la renovación de las múltiples presencias educativo-pastorales de la Congregación en 137 países. La genialidad del Sistema Preventivo como encarnación del Amor de Dios en la persona del educador-pastor. La presencia intencional como garantía de la alianza preventiva. El ambiente de familia como condición y horizonte de posibilidad de la misión salesiana. Hacen, en su conjunto y vivencia armónica, la originalidad del carisma salesiano como legado que se adapta a los más variados contextos, demostrando la universalidad del carisma. El camino de maduración de Don Bosco, delineado en sus Memorias del Oratorio, revela las intuiciones de alguien que encarna en sí mismo lo que propone.
Don Bosco es el Oratorio, es el Sistema Preventivo y es la manifestación más palpable de la gracia de unidad en una presencia intencionalmente educativa-pastoral y a través del ambiente de familia preventivo. En su vida y obra, encontramos la respuesta a una vocación que vislumbró a sus destinatarios desde la infancia, se consolidó en los años de formación y se definió con el acompañamiento de San José Cafasso. La genialidad de Don Bosco y su programa de vida propuesto a sus oratorianos primero, y después a sus Salesianos, reside en un equilibrio armónico entre educación y evangelización, entre pedagogía y espiritualidad, y entre el proyecto personal de vida y una respuesta a la llamada universal a la santidad.